La
historia de Trieste se puede leer en su calles y edificios que reflejan periodos
de gran desarrollo o de pobreza. Trieste es una ciudad que va cruzada andando
para poder admirar las esquinas escondidas y gozar de su atmósfera. La parte más
antigua de la ciudad nació sobre la colina de San Giusto y todavía allí queda
su vestigio: el Castillo, las ruinas de la Basilica Forense y, en las
faldas, el teatro. La ciudad de Trieste, suspendida entre el azul del cielo y el
verde del mar tiene orígenes lejanos que se pierden en la leyenda: parece que
aquí atracaron Giasone y los Argonautas buscando el Vello de Oro,
Antenore y Diomede después de la guerra de Troia, y hay quien dice que en su
golfo aparecerá el ángel el día del Juicio Final.

Cerca
de la ciudad se encuentra la desembocadura del río Timavo que nace en Eslovenia,
cruza abajo del suelo el altiplano Carsico y sale a la luz cerca del mar. Es un
lugar encantador que los griegos y los romanos eligieron como lugar de oración,
de cultos paganos y de inspiración poética.
Trieste además es un sitio de encuentro entre hombres y culturas diferentes,
desde siempre lugar feliz y rico de muchas etnias y culturas.
El clima de Trieste y de la Riviera, la costa entre
el Mediterráneo y los Alpes meridionales, es apacible, seco y sin extremos, con
una media estadística de 2.480 horas de sol al año durante 300 días. La
temperatura media es de 15,6 grados y es entre las más altas del Norte de
Italia.
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